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Sinópsis

Una imagen de nuestra madre no está viva, pero nadie la deformaría ni la destruiría. Desfigurar, destrozar o humillar una imagen puede ser tan poderoso como una destrucción real. En nuestro mundo contemporáneo, el animismo de las imágenes está tan vivo como en las sociedades tradicionales: las imágenes están dotadas de movimiento, vida y alma. Nos hablan, nos susurran al oído o gritan ferozmente desde la distancia. Al mirar las imágenes, las tocamos y nos conmueven. Estamos conmovidos

Como organismos vivos con una capacidad poderosa, las imágenes nos influyen y nos seducen: dan forma a nuestra percepción del mundo. El fetichismo de la imagen y la idolatría son fundamentales para nuestro comportamiento. Por lo tanto, también producimos nuestra propia imagen para ser admirados y deseados. Los ídolos están sobrecargados de energía. Creando una distancia insuperable entre ellos y los demás, que se traduce en silencio: una admiración mágica nos impulsa a adorarlos.

En este trabajo no pretendemos superar estas actitudes mágicas hacia las imágenes, sino explorarlas y cuestionarlas. No condenamos la iconoclasia al fracaso ni a ser destruidos, al contrario queremos usar sus estrategias, como si fueran notas musicales, partituras o instrumentos. No queremos destruir al ídolo, sino terminar con su silencio: haciéndolo hablar y resonar, transformando su vacío en una caja de resonancia para el cuerpo y los pensamientos.

Con objetos inflables, una metáfora de una imagen inflada, le damos cuerpo a este vacío. Estas entidades tienen vida propia, son hipnotizantes, impredecibles, cautivadoras y traicioneras. Se parecen a seres orgánicos. Los intérpretes se sumergen en sus superficies, con múltiples imágenes proyectadas, llenas de aire, llenas de luz, llenas de nada. Los inflables los acarician y los abrazan. Aunque también los acosan y devoran. Nos vemos obligados a convertirnos en una imagen: teatralizando todo, exponiendo nuestra intimidad, incluso nuestro sufrimiento, en una actuación diaria. Los cuerpos vivos y tangibles se pierden en la realidad inflada, donde se disuelven los límites entre cuerpo e imagen, mundo corpóreo e inmaterial. Reflexionando sobre la ansiedad causada al comprender que los seres humanos se están convirtiendo en un híbrido deseado pero odiado. En una batalla entre nuestro deseo de penetrar las imágenes y el miedo a ser tragado por ellas.

La familiaridad que los seres humanos tienen con las imágenes se utiliza para conectar los cuerpos durante la actuación, tanto en el escenario como en la audiencia. Las imágenes actúan como máscaras para jugar con la ficción y liberarnos de la realidad. Usamos cámaras para resaltar pequeñas realidades, para observar diferentes ángulos invisibles para nuestros ojos. Una cámara nos permite expandir el espacio de actuación fuera del escenario (pasillos, backstage, hall …) donde pueden tener lugar actuaciones más íntimas. La cámara oscila entre una herramienta de comunicación y un arma de la que nadie puede escapar.

Los seres humanos adoptan un nuevo papel como fetichista, yonkie socialmente respetado e idólatra capitalista. Un tejido de imágenes nos rodea, como un paisaje o una segunda naturaleza construida por los humanos. En un mundo donde las imágenes han reemplazado a las palabras como el modo de expresión dominante, nuestra relación con estas imágenes debe revisarse con urgencia. Nos involucramos con el cuerpo inteligente, hipersensible y carnal, el bailarín, como la herramienta ideal para repensar nuestra posición en la inmaterialidad del nuevo mundo.

Esta es la tercera parte de una trilogía que Marina Mascarell dedica a la performatividad. A Hefty Flood (2018), creada para el Nederlands Dans Theater, giraba en torno a la autorrepresentación, el deseo y los roles que desempeñamos en la vida cotidiana; Valley (2019) con la GoteborgsOperans Danskompani profundizó en la performatividad de los cuerpos en un mundo distópico.

Créditos y ficha técnica
Fecha creación: 21/03/2020 / En activo

Obra comisionada por Skanes Dansteater, Malmö, Suecia.

Premiere: March 21, 2020, Skanes Dansteater, Malmö, Sweden

Dirección: Marina Mascarell

Coreografía: Marina Mascarell, Nina Botkay & bailarines de Skanes Dansteater

Dancers: Yiorgos Pelagia, Kristian Refslund, Kit Brown, Maria Pilar Abaurrea, Samuel Denton, Laura Lohi, Matthew Branham, Emma Valimaki, Marion Rastouil

Asistencia coreográfica: Nina Botkay

Dramaturgia: Riikka Laakso

Video: Francesc Isern

Escenografía: Ludmila Rodrigues

Música: Yamila (Yamila Ríos)

Vestuario: Nina Botkay

Iluminación: Mårten K. Axelsson

Repetidor: Mattias Suneson

Producido por Skanes Dansteater

Coproducido por Mercat de les Flors, Barcelona & Korzo Productions, La Haya