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Anuario 2020 by Ellas Mujer y danza. Empoderadas.
Manuela Nogales Danza Lehónidas Boskovec
La danza contemporánea española da voz y visibilidad a la mujer

En principio, su planteamiento se centra en corroborar las sinergias existentes entre música y danza, pero Poéticas en la sombra, la nueva creación de la veterana coreógrafa Manuela Nogales para la compañía sevillana que lleva su nombre, se erige sobre el escenario como una declaración de principios. Explícitamente, la creadora ha querido armar su pieza con un equipo femenino para dar visibilidad a la mujer creadora, a las artistas, a las mujeres de la danza, sí, pero muy especialmente a las de la música, aún más invisibles.

Más de 30 años de carrera, que la convierten en pionera de la nueva danza andaluza, le permiten a Nogales hablar con toda propiedad acerca de la desigualdad imperante en el mundo del arte. Por eso más allá de su contenido, que como siempre en sus trabajos es materialización de una poética personal, ha querido hacer un acto reivindicativo rodeándose de un equipo completamente femenino al que quiere dar visibilidad.

La problemática de la desigualdad evidente entre hombres y mujeres es ahora mismo un debate encendido en la sociedad. Las redes sociales han auspiciado una colosal conexión entre las mujeres del mundo, que ha devenido en movimientos globalizados como el #metoo. La danza contemporánea, que no siempre es abstracta ni ignorante de lo que sucede fuera del escenario, en su modesta medida ha sabido atajar estos mensajes poniendo voz a mujeres desde África hasta Europa.

Justamente alrededor de la mujer africana actual gira el discurso del amplio proyecto Ella Poema, liderado por Aïda Colmenero Dïaz, creadora catalana con el corazón en África, que ha venido dando visibilidad a las creadoras y bailarinas de aquel continente a través del ciclo Africa Moment y de su propio trabajo coreográfico. Su nueva creación 2 de noviembre, El quitador de miedos, que aborda el miedo al nacimiento y el miedo a la muerte, es un nuevo eslabón en la cadena espectáculos, películas, poesía y demás manifestaciones que dan forma a su proyecto Ella Poema.

El imaginario femenino también hace un viaje de ida vuelta entre Casablanca y Valladolid, en El jardín de las Hespérides, la nueva creación de Alicia Soto para su compañía Hojarasca, que se ha fijado muy concretamente en la mujer marroquí y la mujer castellana para concluir que la problemática de la mujer es universal, salvo matices culturales. La obra, con la que la compañía de Valladolid celebra sus 25 años de andadura, es un proyecto multicultural en el que participan artistas de España y Marruecos.

Mirando hacia atrás

Mirar el pasado para comprender y mejorar el presente es práctica habitual en la danza y recurso de gran utilidad a la hora de reivindicar a la mujer. Lo sabe la bailarina y creadora Violeta Borruel, que ha montado Golondrinas para su joven compañía madrileña a partir de les hirondelles (las golondrinas), como llamaban los francesas a la multitud de mujeres del Pirineo español que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, se iban al país vecino a trabajar en la fabricación de alpargatas, en un ejemplo poco difundido de mujeres emprendedoras que sustentaban la economía familiar a fuerza de recorrer mundo.

También hacia el pasado, aunque en un punto más bien inexacto, apunta Sonoma, obra de superlativa belleza creada por Marcos Morau para su compañía La Veronal, con la que este verano pasado ocupó el prestigioso Patio del Palacio de los Papas, del Festival de Aviñón. Guiado por Luis Buñuel y sus dos mundos, el rural de Calanda y el cosmopolita del surrealismo parisino, Morau crea una obra femenina de contraste entre mujeres atrapadas en la religión, las costumbres y las tradiciones de los pueblos, y mujeres liberadas al toque estruendoso de los tambores de Calanda, que golpean furiosas amparadas bajo el manto del Surrealismo. Si se inclinaba hacia el cine en esta creación, el director de La Veronal se aproxima ahora a su propia casa, el teatro, al que rinde sentido homenaje en su nueva coreografía Opening Night.

En cambio, la bailarina y coreógrafa madrileña Milagros Galiano une pasado y presente a través de dos mujeres: ella misma y su madre, en su propuesta La niña que cayó al pozo. El largo tiempo de confinamiento por coronavirus permitió a esta ex bailarina del Ballet Víctor Ullate tener largas conversaciones con su madre, que le habló de su pasado en recuerdos inconexos y desordenados, que le llevaron a la reflexión para  armar desde la danza este viaje introspectivo que vincula y enfrenta a dos generaciones de mujeres en un análisis poético sobre la niñez, el pasado, las raíces y la memoria.

A la situación de una mujer atrapada a la que la vida se le ha convertido en un ciclo repetitivo que reinventa el mito de Sísifo, se enfrenta Mercedes Pedroche, en su creación Artificios y leopardos, un solo que, a partir de Camus y el concepto del eterno retorno de Nietzsche, ofrece el retrato de una mujer que como una hembra leopardo enjaulada, se obsesiona con su vulnerabilidad y su fracaso vital por culpa de las imposiciones sociales.

Con la mirada también puesta en la sociedad, la creadora brasileña Cristina Masson, directora de su compañía EnClaveDANZA se ha remontado a la antigua mitología mexicana para recordar la tragedia de Coyolxauhqui (La Luna), en su coreografía Las diosas del agua, lo que le permite hablar de la repetición de su tragedia en miles de mujeres asesinadas gratuitamente en el México actual, en crímenes movidos por la violencia y el machismo en una sociedad que ha llegado a contabilizar hasta 10 mujeres asesinadas al día.

Pero hay creaciones que se posicionan solamente al excluir el elemento masculino. Tal es el caso de Poliana Lima en su engañosamente abstracta Las cosas se mueven pero no dicen nada, obra seleccionada este año por el circuito europeo Aerowaves, en la que la creadora brasileña planta sobre el escenario a un equipo de potentes bailarinas que, sin desplazamiento por el espacio, investigan en la permanencia y la resistencia, dos conceptos relacionados en principio con lo espacial y lo físico que, sin embargo, generan múltiples lecturas solamente por el hecho de estar bailada por mujeres.

Algo similar ocurre, en Shoal, un díptico para bailarinas ideado por la creadora israelí Dana Raz, que intenta sumergirse en las profundidades del alma femenina para liberar esas emociones que dan forma a la identidad. Y es que los asuntos del alma, parecen ser el detonante creativo de la joven coreógrafa que, en su obra Muktzhe se interesa por las religiones y el impacto que el asunto de la fe tiene en las sociedades actuales.

 

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