la red de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza
Anuario 2020 by Ellas Mujer y danza. Ellas.
Manuela Nogales Danza
Alicia Soto- Hojarasca
No son pocos los artistas de la danza española que insuflan aires de innovación y renovación a las danzas populares y tradicionales nacionales.

El tema de las reivindicaciones sociales de la mujer está en el aire, en la tele, en la calle… ¿cómo no iba a estar en la danza?

 

Son los tiempos del #metoo. La mujer, desde todos los ámbitos, comienza a denunciar atropellos y reclamar derechos. Lo más novedoso, quizá, es que finalmente están siendo oídas. Falta mucho todavía para acabar con la segregación y desigualdad pero este movimiento mundial es ya un hito. Desde luego, la danza es idóneo camino poético para hacer circular estas ideas, y las creadoras (y algún que otro creador) de España no están desaprovechando la oportunidad.

La desigualdad en el mundo de la danza y la música, puso a pensar a Manuela Nogales, veterana creadora vasca anclada en Andalucía. Poéticas en las sombras, su nueva creación con estreno previsto en otoño de 2020 en el Teatro Central sevillano, indaga en los vínculos, sinergias y esencias entre música y danza, y a la vez pone de relieve el talento femenino en ambas artes.

Pero Nogales no es la única. La creadora madrileña Milagros Galiano ha venido investigando el papel de la mujer en la sociedad, preocupación que queda evidenciada en propuestas suyas como Pasodoble, desplegada como un combate de prácticas varoniles como el boxeo, el toreo en cuerpos de mujeres o su reciente trabajo Bruja II Akelarre, que disecciona el uso diferente que socialmente hacemos de la acepción “bruja”.

Desde una óptica más personal, la coreógrafa y bailaora Olga Pericet también ha venido centrando su trabajo flamenco su postura como mujer creadora. Ahora ha volcado los ojos hacia Carmen Amaya, otra legendaria artista, a la que rinde homenaje en su nueva propuesta Un cuerpo infinito, para la que ha  vuelto a colaborar con la directora escénica Carlota Ferrer.

También desde un flamenco híbrido, Juana Casado adquiere una postura abiertamente beligerante y combativa con el asunto de la mujer, en el espectáculo Amazonas, creado para su compañía Andanzas. Miró a las legendarias guerreras de la Grecia clásica para desde allí hablar de reivindicación, denuncia y lucha de la mujer por conseguir la igualdad frente al poderío masculino.

En clave más irónica, Paula Quintas, directora de la Compañía Traspediante, ataca en su nueva creación Plastic uno de los más discutidos tópicos contra los que lucha el feminismo. Porque, el reinado de la muñeca Barbie durante décadas aparece directamente vinculado a la imagen que esta sociedad tiene de la chica perfecta: una bella mujer de plástico vacía por dentro. Revertir esta idea está en el fondo de su reciente propuesta coreográfica.

Otras creadoras optan por destacar los valores femeninos desde una perspectiva histórica, recurriendo al papel jugado por las mujeres en otros tiempos, en otras sociedades. Tal es el caso de Las diosas del agua, la última coreografía de Cristina Masson. Otra vez en alianza con la escritora mexicana Jeannette L. Clariond, la directora de EnClaveDANZA se remonta al mundo azteca, extrapolando a nuestro contexto el mito de la diosa Coyolxauhqui, equivalente a nuestra luna. Masson intenta ahondar en aspectos de la cultura mexicana que van desde la tradición hasta la modernidad en México, un país donde el promedio de mujeres asesinadas por día asciende hasta diez.

En Marruecos la mujer está asociada al origen, a la fuente de la vida, al inicio de todo. Sobre esta idea orbita El jardín de las Hespérides, creación de Alicia Soto, directora de la compañía de Burgos Hojarasca Danza, que forma parte de una serie de obras que tienen a Marruecos como fuente de inspiración. En la mitología griega, las Hespérides eran ninfas que cuidaban un jardín cuyos frutos de oro garantizaban la inmortalidad y que estaba situado en un punto indeterminado entre Marruecos y España. A partir de esta leyenda, Soto ha ideado su coreografía, que ha sido montada entre ambos países con bailarinas de uno y otro lado.

Del continente africano se ha enamorado también Aïda Colmenero Dïaz, que ha desarrollado su obra vinculada a este continente y muy especialmente al potencial creativo de sus artistas femeninas. De esta fascinación nació el proyecto de larga trayectoria Ella poema y también el Festival África Moment, en Barcelona. Conjurando el invisible, su más reciente incursión, no es ajena a estos intereses. La obra, creada bajo el paraguas del proyecto La Noche del Patrimonio / Unesco España, es un canto a la Tierra y los seres que la habitamos, interpretado por voces femeninas a modo de oración-canto-mantra.

En cambio, la coreógrafa, bailarina y docente madrileña Merecedes Pedroche ha establecido su vínculo artístico y emocional con Medellín. Su nueva pieza Artificios y leopardos cabalga entre la danza y el teatro, haciendo partícipe al público de la experiencia de una mujer que vive atrapada en un ciclo sin fin. El mito de Sísifo y las teorías de Nietzsche sobre el eterno retorno sobrevuelan su nueva propuesta unipersonal.

Deberían ser más, pero son escasos los coreógrafos que se interesan por el tema de la mujer y sus derechos. Uno de ellos, el joven creador asturiano Eduardo Vallejo Pinto, quien desde su Compañía Ogmia ha montado The Holy Trinity, una pieza que explora el significado de ser mujer en esta sociedad. Al igual que su anterior creación No Time To Rage, la nueva se construye a partir de una serie de referentes importantes para el artista, que van del manga a la literatura distópica.

 

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