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Anuario 2020 by Danza Teatro Danza teatro
Cía Matarile

Daimon, figura mitológica griega que puede ser ángel o demonio, y ambas cosas a la vez, ha sido el punto de partida de Daimon o la jodida lógica, la nueva y ambiciosa producción de la agrupación gallega Matarile Teatro que, desde hace más de 30 años, dirige con ingenio y creatividad Ana Vallés. Como suele ocurrir en su trabajo, y más en éste, no hay una jodida lógica pero sí una cascada de imágenes, en la que bailarines, actores y músicos en directo ponen en pie una performance en clave de danza teatro, que podría hablar de muchas cosas, como por ejemplo del tormento, de lo atormentado que estamos, de los tormentos que vivimos y de cómo el fin de un tormento puede ser el inicio de otro.

Y es que realidad y ficción generalmente convergen en la práctica de la danza teatro. En Matarile puede más la ficción abstracta, pero en 2Proposiciones, la compañía sevillana de Raquel Madrid, la inclinación es más hacia el absurdo de la realidad. Con debilidad por revisar desde su óptica los grandes hitos de cualquier vida, sean cumpleaños o funerales, ahora mete el teatro dentro de la danza, encerrando a cuatro artistas en un camerino, donde los pone a vivir un eterno retorno, un día de la marmota existencial, una maldición que resucita cada noche como una función de la obra en temporada. En P de Partida, su nueva coreografía, asegura que quiere hablar del punto de partida de “experiencias de muerte y resurrección en ámbitos vitales”.

Personajes de película, en cambio, son los protagonistas de It’s a wrap (Kubrick is dead), la nueva creación de La intrusa Danza, el destacado colectivo de Barcelona que dirigen a cuatro manos Damián Muñoz y Virginia García. No son personajes cualquiera sino los más emblemáticos de las películas de Stanley Kubrick, incluidos el desquiciado Jack Torrance, de El resplandor, y el maligno Álex, de La naranja mecánica. Se reúnen porque acaban de enterarse de que el cineasta ha muerto y se preguntan qué va a ser de ellos ahora, experimentando esos tormentos de la existencia que han sido tan recurrentes en las obras de La intrusa.

También admite una sirena la danza teatro. Lucía Bocanegra encarna a esa mujer que se siente marina y emprende viaje acuático en el poema de Antonio Castaño que inspira su unipersonal Mujer descalza frente al mar, la nueva pieza de su agrupación La Tarasca que, desde principios de los noventa viene estrenando en Sevilla trabajos muy diversos que, desde distintos lenguajes expresivos, se dirigen a un amplio espectro de públicos.

También tienen interés en explorar la naturaleza humana a través del movimiento en Caminantes Danza, la agrupación de Pepa Cases y José Merino, quienes suelen edificar su lenguaje a partir de los códigos de la danza teatro, trayéndose el vocabulario desde el flamenco, la danza española y el contemporáneo, como ocurre en Los caminantes, su nueva propuesta, a la que se suma el talento coreográfico e interpretativo de Jesús Pastor, además de Sandra Carrasco, encarnando a la anfitriona de esta singular propuesta que gira en torno a un avaro, una anciana y un amante.

Finalmente, danza teatro con aires de performance es lo que caracteriza el trabajo de La turba, agrupación creada en Buenos Aires por la bailarina, coreógrafa y gestora Carlota Berzal que, tras varias producciones en Buenos Aires (el evento performativo Sprange, Todo lo que no soy, Ofelia vegetariana) se ha trasladado hace poco a Sevilla, donde ultima su nueva creación Mi bandera.

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