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Anuario 2016 by Contemporáneo Tendencias
Cía Manuela Nogales Danza Foto: Ro Menéndez
Cía Taiat Dansa Foto Taiat Dansa
Cía Ballet Contemporáneo de Burgos Foto Ballet Contemporáneo de Burgos
Llegaron tarde los ecos de la danza contemporánea a España pero buena parte del paisaje hoy está configurado por los herederos de esta corriente fundamental del siglo XX

Aunque hoy aparece perfectamente consolidado, es joven el movimiento de la danza contemporánea en España. El ostracismo generado por 40 años de dictadura franquista impidió a la danza moderna nacional crecer y desarrollarse al mismo tiempo que las vanguardias europeas. Tuvo sus primeras manifestaciones en la Barcelona de los tempranos ochenta y desde allí irradió con pereza y lentitud hacia todo el país, siempre bajo el influjo de la abstracción de la modern dance norteamericana y la explícita humanidad de la danza teatro alemana. Desde luego y como es natural, los artistas locales se anclaron a estos preceptos pero desarrollaron lenguajes propios y maneras muy personales de abordar lo escénico.

Pionera en Madrid, Teresa Nieto es de las que ha conseguido un lenguaje propio y personal no exento de humor, que habla de asuntos cotidianos, del amor, del paso del tiempo y de la vida. Dos coreografías claramente portadoras de su sello, son los trabajos recientes de su colectivo Teresa Nieto en Compañía. Por un lado, El ajuar, delicado dueto en el que ella misma baila con Sara Cano y por otro Las cuatro estaciones, trabajo grupal en el que reflexiona sobre lo cíclico. Ubicada en las antípodas, Manuela Nogales, pilar de la joven danza contemporánea andaluza, se centra en rigurosos trabajos de investigación casi siempre interesados por la poética del cuerpo. Tras dos décadas de búsquedas personales sus recientes creaciones De claves y declives y La piel del tiempo, en la que aborda nuestra necesidad de conciliar tiempo y conocimiento, dan fe de su sólido lenguaje. Aunque es también pionera y luchadora, los intereses de Isabel Vázquez, otra figura fundamental de la escena andaluza, son otros. Desde su agrupación Excéntrica Producciones aboga por una danza nacida de sus propias inquietudes y vivencias. Su exitoso solo Hora de cierre, en homenaje a Martha Graham, es toda una confesión personal y una reflexión sobre su propia historia. Un poco más joven, la compañía de Fernando Hurtado, en Nerja, acaba de celebrar sus quince años con Confesiones de un primate en el Km 50, un solo que le ha montado el costarricense Francisco Centeno, al tiempo que sigue activo como coreógrafo, estrenando Estrellados, en la que mezcla danza y circo.

Por su parte, 25 años son los que ha celebrado el Ballet Contemporáneo de Burgos, quizá la compañía de mayor solera en Castilla y León, liderada por Alberto Estébanez, impulsor también del ya consolidado Certamen Internacional Burgos-Nueva York. Esta no es una historia de mujeres es la creación que resume este cuarto de siglo de creación. En Valencia, el también veterano Toni Aparisi, más conocido por su estrecha colaboración con el colectivo Ananda Dansa, ha venido desarrollando su propio proyecto, con el que ha estrenado Obligacciones, creada junto a Claudio Zerotti.

A todos estos pioneros de una danza contemporánea nacional le ha seguido lógicamente una generación, hoy intermedia, que ya cuenta con consolidadas trayectorias. Daniel Abreu, Premio Nacional de Danza 2014, ha desarrollado una danza personal muy sugerente, a veces críptica, y siempre emocional, en numerosos títulos. Venere, coreografía reciente supone la consolidación de su universo escénico. Tras una trayectoria ya larga, el madrileño Chevi Muraday ha avanzado con su compañía Losdedae desde una danza visceral y comprometida casi exclusivamente con el movimiento hacia propuestas más reposadas y teatrales. Ha vivido un año inusualmente activo, en el que va girando con cinco producciones: Cenizas, En el desierto, dos piezas con la actriz Marta Etura: el éxito Return y Teresa, Ora al alma, inspirada en Santa Teresa, y el solo El cínico.

Detrás de ellos se abre paso una novísima generación de creadores, formados muchos de ellos en los conservatorios nacionales. Begoña Quiñones y Mar Rodríguez han hecho tándem después de triunfar con el inquietante dueto fETCH en el prestigioso certamen Masdanza 2012. Prueba Trinity 1.0 es su más reciente aportación. Por su parte, la joven Carmen Fumero ha conocido el éxito con su multipremiado dueto Eran casi las dos… bailado por ella y Miguel Ballabriga, que supone una sutil y eficaz convivencia de danza contemporánea y urbana.

Búsquedas personales

Le enorme flexibilidad del término danza contemporánea permite el desarrollo de vocabularios propios y encaja perfectamente las búsquedas más personales e individuales de cada creador. España no es excepción. Se puede hablar con propiedad de movimientos geográficamente localizados pero no temática ni estilísticamente uniformados. La danza valenciana, muy joven y en expansión, es buen ejemplo. Poco en común tiene, por citar, la veterana agrupación La coja Dansa con la mucho más joven Mou Dansa. Dirigida por Santi de la Fuente la primera, se trata de un colectivo que indaga en las nuevas dramaturgias para producciones como Atlas, de Tatiana Clavel o Qualsevol, en la que de la Fuente se centra en una investigación alrededor del verdadero alcance de la frase hecha “jugarse la vida”. En cambio Mou, compañía joven creada en 2009 por Juan Pinillos y Xandy Liberato, invita a una reflexión social sobre el destino de los pueblos en su díptico conformado por Aproximacions a Poble Nou y Poble Nou.

Personales son también las búsquedas de otras dos contrastadas agrupaciones valencianas, el laboratorio L’Obert Dansa y la joven Compañía Improvisada. L’Obert es veterana agrupación liderada desde 1993 por Ana Extremiana y Eva López, quienes hoy continúan en su búsqueda con propuestas como Tratado Nº 2: Identías y Cortesías. Por su parte, Henar Fuentetaja, que fundó Improvisada en 2010 cultiva la heterogeneidad en obras como A los pies de Europa, Agua de Luna, Desequilibrio y palabra o Kuzushi, que plantea la idea del desequilibrio como condición inherente a la especie humana.

De la escena andaluza destacan, por contrastadas, diferentes y tremendamente personales, las iniciativas de la Compañía de Teresa Navarrete, en Sevilla, y la de la Compañía Ximena Carnevale, en Málaga. Aunque es joven como agrupación, Navarrete en lo personal ostenta una larga y productiva trayectoria dentro del colectivo Erre que Erre, de Barcelona. Reubicada de nuevo en Sevilla, la creadora ha dado continuidad a sus investigaciones en piezas como Otra manera de encontrarse o Salón Otto. Más joven, Carnevale fundó su compañía en 2012 como un espacio definido por ella misma de “librecreación”, con el que ha estrenado coreografías como Crudo o Ella, demasiado oscuro. Sinergias tampoco faltan. El reputado festival Mes de Danza de Sevilla reunió para la inauguración de su edición 2014 a un grupo de coreógrafos, bailarines y músicos de la región con The Montgomery Experience, una propuesta evocadora de los años 50 y 60, que ha devenido en exitosa, llegando a ser aplaudida en Corea. Liderada por Miguel Marín, esta fiesta-performance andaluza reúne los talentos de Navarrete, María Cabeza de Vaca, las hermanas Gestring, Silvia Balvín y el actor Nando Pérez.

El trabajo de Elías Aguirre, en Madrid, se ha caracterizado también por una búsqueda personal preocupada por establecer relaciones entre danza y naturaleza, aproximándose a veces a la velocidad imperceptible de un mosquito, el esfuerzo de ese pájaro no volador que ha inspirado su solo Flightless o la proximidad a los calculados comportamientos colectivos de un banco de peces o bandadas de aves sugeridos en su más reciente Shy Blue. Introspectiva y poética, con matices sociales, es en cambio la propuesta de la brasilera Cristina Masson con su compañía madrileña EnClave Danza que, desde 2000, viene indagando en el cuerpo poético. Su pieza …no vacía (2012) ha sido el origen de una trilogía en gestación que ahora se completa con Sobre fondo roto. El cuerpo, ésta vez como paisaje del alma, es también el centro de las investigaciones de la malagueña Paloma Hurtado, que ha establecido desde 2011, en Santa Cruz de Tenerife, su agrupación PieldEarenA, con la que ha estrenado obras como las recientes Ääniä, Desert Rose y Mintaka.

Mirar a los clásicos

La reinvención de los clásicos, adaptados a nuevos públicos y nuevas sensibilidades, los personajes y acontecimientos históricos y la misma línea rupturista y convulsionada del arte en el siglo XX han sido también una importante fuente para la danza contemporánea. Así lo evidencian producciones de novísima creación que no dudan en mirar hacia el ayer con ojos de mañana. Still Life, la nueva creación de Meritxell Barberá e Inma García para su colectivo Taiat Dansa, uno de los más destacados del paisaje valenciano, sorbe directamente de las vanguardias del siglo XX y lejos de recrearlas, invita a la reflexión con buenas dosis de humor. Taiat ya había creado en esa línea Man Ray Dancer para el Ballet de Teatres de la Generalitat, a la que se suma No Half Measures, pensada para ser representada en museos. Dentro de sus propias y ya consolidadas coordenadas estéticas, Yoshua Cienfuegos también ha abierto un camino de investigación en este sentido como confirman sus nuevas creaciones de inspiración surrealista/dadaísta:  88 azucenas y un perro, que es personalísima lectura de El público, de García Lorca, La cortesana del Rey y su lectura del clásico de la danza El espectro de la rosa, piezas que suponen un paso al frente en una investigación personal del pasado que le llevaron a crear para su colectivo valenciano Cienfuegos Danza versiones de La consagración de la primavera y La siesta del fauno.

Y es que la fuerza emocional y la vigencia de los grandes clásicos hacen sucumbir incluso a creadores que se han desenvuelto en una línea más abstracta. Tal es el caso de Thomas Noone, británico afincado en Barcelona que, tras una larga trayectoria en los dominios de una danza sugerente y muy física ha caído rendido ante la potencia de Medea, primera incursión de su compañía, con sede en el teatro Sat!, en terrenos abiertamente narrativos. La literatura es también abono fértil para la sensibilidad de Gustavo Ramírez Sansano, destacado creador alicantino que desde hace años se mueve por el mundo (fue director del hoy extinto colectivo Luna Negra, de Chicago) pero que siempre mantuvo en España su Proyecto Titoyaya, para el que ha montado Retrato de Oscar Wilde y La metamorfosis, poética versión del escalofriante texto kafkiano. Muy cercana a este coreógrafo, Asun Noales, la prolífica directora de OtraDanza, compañía de Elche, ha sentido fascinación por un recurrente personaje histórico, Juana La Loca, que ya había ocupado su atención hace años en la pieza corta Joanna, montada justamente para Luna Negra, y que ahora retoma y amplía en Juana, creada por encargo del Festival Medieval d’Elx. Aunque ceñida al torbellino emocional que acompañó siempre a Juan I de Castilla, la obra es consecuente con el lenguaje y estética de Noales, desarrollados en obras como Tattoo, Da Capo, Vacío o Eva y Adán.

La compañía navarra Fueradeleje que, aparte de piezas propias como su reflexivo Meeting Point, realiza adaptaciones literarias de clásicos cuentos infantiles; Paspie Danza, de Cáceres, con su versión reciente de Romeo y Julieta o el citado Ballet Contemporáneo de Burgos, que ha invitado a Amaury Lebrún, bailarín y coreógrafo de larga trayectoria, para que les monte su certera versión del trágico Macbeth, se cuentan entre las muchas agrupaciones que sucumben a los clásicos. Quizá animada por la idea de que el ballet no muere sino que se transforma, la joven compañía caraBdanza que dirige en Madrid Gonzalo Díaz se lanza a la aventura de crear una versión propia y actual de Cascanueces. Es probablemente el paso más ambicioso de este joven colectivo que se ha dado a conocer con espectáculos como Links, conformado por varias coreografías, incluido un extracto del clásico Dark Meadow (1946), de Martha Graham. Tampoco faltan creadores que más allá de un ballet puntual o un libro determinado, optan por la nostalgia retro y crean proyectos que se inspiran en toda una época como sucede con el joven proyecto Pies Muertos, una compañía sevillana dirigida desde su fundación en 2013 por María J. Villar, quien busca inspiración en el romanticismo trágico del siglo XIX, tal y como se verifica en su propuesta La última foto de Francesca.

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