la red de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza
Anuario 2019 by Contemporáneo Tendencias
Cía Mariantonia Oliver Foto por cortesía de la Compañía Mariantonia Oliver
Marcat Dance Foto; Mamen B. Gil
Compañía de Ana Rando Foto: Daniel Pérez
Atrás va quedando la noción de que la danza contemporánea debe ser abstracta. Los coreógrafos españoles sienten necesidad de hablar del hombre de hoy y su entorno

Durante los albores de la danza contemporánea en Estados Unidos, los creadores reaccionaron de manera virulenta contra los cánones establecidos del ballet, lo que les llevó a rechazar y cuestionar lo que se consideraban esencias de ese arte: el ideal de belleza, la perfección, la narrativa, la técnica clásica… se impuso, a partir de Cunningham en los sesenta, la noción de que la danza era abstracta. No obstante, con el tiempo ha ido ganando terreno la idea de que una coreografía no necesariamente tiene que vivir desconectada de la realidad. Con el impacto de la danza-teatro alemana mediante, hoy la abstracción pura es apenas un fragmento del todo. Una visión general sobre la danza contemporánea que hoy se hace en España resulta ilustrativa.

Maneras hay muchas como demuestran artistas nacionales que no sienten su danza ajena al entorno ni al momento que vivimos. Problemáticas como la vejez, el rechazo social, las relaciones o el papel de la mujer en nuestra sociedad adquieren forma poética en creaciones singulares. El proyecto Las muchas, de larga trayectoria, parece cita obligatoria. Mariantónia Oliver, en Mallorca, ha tenido gran éxito con esta propuesta que consiste en realizar, en cada ciudad a la que es invitada, un taller con vecinas mayores de 65 años que terminan acompañándola sobre el escenario para hablar desde sus cuerpos no tan entrenados pero sabios del significado de ser mujer, del paso del tiempo, de la vitalidad en su interior y de la manera estigmatizada en que esta sociedad mira a las mujeres y a los mayores.

Aunque en las antípodas estilísticas de Oliver, el creador valenciano Yoshua Cienfuegos también aborda con su compañía el tema de la vejez en la mujer en su satírica nueva creación Viejas, una obra humorística que supone un vuelco radical en su línea conocida, preocupada casi siempre por asuntos intrínsecos de la danza misma como la composición o la técnica, producto de una larga investigación desarrollada personalmente durante años y hoy ya consolidada.

Con auténtica sutileza, la joven creadora canaria Carmen Fumero da un paso al frente, después de su exitoso dueto Eran casi las dos…, con su propuesta Un poco de nadie, un trío que con delicadeza aborda el tema del rechazo social, la necesidad lícita de la relación con los otros y el impacto que produce no ser aceptado. De lo efímero de las relaciones y de lo volátil de los sentimientos parece hablarnos también la retro-nostálgica El último verano, una coreografía de Raquel López y Anna París para su compañía andaluza/catalana La casquería que, con su ambiente veraniego playero de los setenta, relata la felicidad de tres amigos que se acaban de conocer y creen, vanamente, que esos lazos y esas intensas emociones durarán toda la vida.

En el momento de eclosión feminista que vivimos no faltan en nuestra danza alusiones directas al papel social de la mujer, casi siempre en forma de protesta y denuncia. El trabajo personal desarrollado por Milagros Galiano, quien fuera bailarina de la compañía Víctor Ullate, aparece contundente y directo en obras como Bruja II, Akelarre, en el que juega con la ambivalencia de la palabra femenina bruja (mágica, astuta, poderosa), o La resistente, que habla de la capacidad de resistencia de la mujer ante las agresiones físicas. Son obras que, a un tiempo, son denuncia, protesta, llamado a conciencia y arte. En cambio, la creadora gallega Rut Balbís ha recurrido a la metáfora de la Barbie como estereotipo de mujer objeto para Plastic, la obra que ha montado recientemente para la compañía de Paula Quintas, artista que se ha movido siempre en los terrenos de la danza, el circo y el teatro, destacando su obra Analepsis, muy cercana al circo.

En un tono más introspectivo, la coreógrafa Mercedes Pedroche, que se mueve también en un terreno fronterizo entre la danza y el teatro, ha montado Artificios y leopardos, que habla básicamente de la libertad a través de una mujer atrapada en su encierro, que obliga al público a reflexionar sobre los límites de su propia libertad dentro de la maquinaria social.

Cómo somos, cómo nos comunicamos (o no), cómo nos miramos y nos miran son las preocupaciones que han movido a la coreógrafa israelí Dana Raz, que despliega estas reflexiones en sus obras Golem y Wolves. La primera tiene que ver con la identidad propia y la imagen que tenemos de nosotros mismos, en tanto que la segunda explora la manera en que las nuevas tecnologías han afectado las relaciones entre los humanos.

Las grandes incógnitas del ser humano parecen ser las preocupaciones principales en la obra de Martín Padrón y Gregory Auger, quienes desarrollan su trabajo desde la compañía del Centro Coreográfico La Gomera, de Islas Canarias. En Should They Maybe se hacen preguntas acerca de la complejidad del ser humano, mientras que en The Show Must Go On? invitan a la reflexión sobre el creciente caos de valores universales en nuestra sociedad y en El contexto, el sujeto y lo demás… se preguntan por el alma, asuntos todos que responden a sus inquietudes por problemáticas estrictamente humanas.

Sociedad

El funcionamiento de la sociedad y los comportamientos humanos han sido una fuente de inspiración coreográfica en esa parte de la danza contemporánea que ha puesto su empeño en reflejar y relatar desde el movimiento el mundo en que vivimos. El ingenio y la creatividad delimitan la manera en que distintos coreógrafos lo representan. En apariencia entomológica, la obra del madrileño Elías Aguirre aparece llena de bichos voladores y marinos. Una lectura superficial explica sus obras desde una danza que imita la organización militar que parece regir comunidades de mosquitos, bancos de peces y bandadas de pájaros (Entomo, ShyBlue, Pez esfinge…), y el elocuente título de su nueva creación Insecto primitivo apunta en la misma dirección. Pero otra mirada a su discurso desvela que su interés se centra en la organización social humana, las consecuencias de salirse de la norma y otras reflexiones muy alejadas del mundo entomológico.

El uso de animales para hablar de la sociedad ha sido siempre un eficaz camino artístico (recordad Rebelión en la granja) y Roberto Torres, desde su Compañía Nómada con sede en Tenerife, lo sabe. Su creación Dulces bestias, un trío en el que bailan Daniel Morales, Paloma Hurtado y Paula Quintana, tres de los más prometedores creadores de las islas, es ejemplar con sus personajes que en apariencia representan animales, bestias salvajes que le permiten hablar, principalmente, de la condición humana.

Espiritualidad

La espiritualidad, las creencias y la fe han sido siempre inquietudes de los coreógrafos de la modernidad, es un tema que parece conectar con ese halo místico y ritual que, históricamente, ha sido tan inherente a la danza. De Profundis, la nueva creación de la compañía Fueradeleje que dirige Iñaki Fortún en Navarra, es ilustrativa. Se trata de una creación intimista que, en palabras de su autor, se despliega como una oración bailada inspirada en el Salmo 130 y aspira a ser una exaltación de la espiritualidad y una llamada a la esperanza.

La compañía madrileña del israelí Sharon Fridman ha desarrollado una obra, personal y deslumbrante, que aparece también muy vinculada a la espiritualidad y el carácter ritual (Free fall, All Ways). Su nueva creación, el dueto Dose of Paradise, indaga ahora en la búsqueda de la felicidad, un sueño humano de todos los tiempos. En este intenso dúo se pasea por temas como la dependencia, la confianza, el miedo a la soledad y el temor a lo que él llama el vacío del Paraíso.

Ceremonias y rituales son señas de identidad de la visualmente sugerente Sacra y de la experimental Rito, una impactante performance con aires ancestrales, ambas de Asun Noales para su compañía de Alicante Otra Danza, colectivo funcionando desde 2007, que también ha abordado el tema de la desigualdad de género, en su muy femenina Pélvico.

Un ritual en toda regla es también The Lamb, creación reciente de Kor’sia, joven compañía de ascenso vertiginoso que dirigen en Madrid los creadores italianos Mattia Russo y Antonio de Rosa. La contraposición víctima-verdugo y la metáfora inherente al sacrificio del cordero son algunos de los temas que se desprenden de esta especie de ceremonia perturbadora que contrasta el horror de su tema con la plasticidad de su puesta.

En otra órbita estética, la compañía madrileña La Phármaco que dirige Luz Arcas, usualmente también acusa un carácter ritual en obras como el solo Kaspar Hauser o la muy femenina Miserere. No obstante, Una gran emoción política, creación reciente, explora un asunto social trascendente como el ímpetu que empuja a los pueblos a emprender revoluciones, a través de la autobiografía de María Teresa León, que sufrió las consecuencias de la Guerra Civil española.

También inspirada en esta cruenta guerra nacional aparece la muy emotiva Codara, en la que el ascendente creador Mario Bermúdez, ex bailarín de la compañía Batsheva, de Israel, y director de Marcat Dance en Andalucía, se aproxima a la devastación emocional de la posguerra española, en una obra creada para su propia compañía fundada en 2016 para la que también ha ideado Alanda, reminiscencia de la Vieja Andalucía / Al Andalus, y Anhelo, de reciente estreno, que es más introspectiva pero no menos humana, con sus nanas y acciones cotidianas cargadas de emociones.

Cotidianidad

Y es que lo cotidiano ha sido una constante en la danza contemporánea. Los pioneros posmodernos de la Judson Church, de Nueva York, reivindicaron el gesto cotidiano en los años setenta y hasta hoy sigue siendo una constante. Que le pregunten a Andrea Amor y Miguel Ángel Punzano, directores de la joven agrupación madrileña Tejido conectivo, que han montado su nueva creación The Walk alrededor de una idea tan simple y compleja como es el acto cotidiano de caminar, que involucra motricidad, equilibrio, orden y otro montón de funciones en las que nunca pensamos cuando paseamos por la calle.

A su vez, esa misma calle, escenario de lo social por excelencia, también ha sido con frecuencia inspiración coreográfica. Lo fue, de manera muy especial, para la creadora tinerfeña Paloma Hurtado, que tras vivir una experiencia de la noche urbana, reflexionó y sacó adelante su solo de calle Ephimera, en el que habla de manera cruda y directa sobre esa gente que, por las razones que fuesen, viven en la calle.

De violencia urbana, intolerancia, machismo, terrorismo y otras aberraciones sociales habla el director de caraBdanza, Gonzalo Díaz, en su creación accIDENT, que da continuidad a la definida línea estética de su agrupación madrileña. Aunque hay desde luego una voluntad de crítica a la violencia de nuestra sociedad, la obra ha sido planteada desde la esperanza y el anhelo por vivir en un mundo mejor.

Otra práctica recurrente en danza contemporánea ha sido hablar de otras culturas y otros modos sociales. Generalmente tienen que ver con la confrontación del creador con mundos ajenos. Tal es el caso de la coreógrafa andaluza Lucía Vázquez, que ha desarrollado una obra fuertemente influenciada por Japón y en la que ha establecido lazos cercanos con artistas nipones. Con Nobuyoshi Asai, que fue bailarín de la legendaria compañía de danza butoh Sankai Juku, montó Flying Birds, y más recientemente, con Satoshi Kudo, que ha sido bailarín y asistente de Sidi Larbi Cherkaoui, ha montado Mazari, un estilizado dueto que indaga en la idea imposible de los cuerpos líquidos.

Finalmente, destacar las aportaciones a la danza integrada de la veterana compañía profesional Fritsch Company, agrupación de la Fundación Psico Ballet Maite León, que viene funcionando desde 1986. Destaca el alto nivel sus producciones, para las que convoca usualmente a reconocidos creadores de la escena nacional. Buen ejemplo es su programa triple Mesa para Tr3s, conformado por obras de Antonio Ruz, Amaya Galeote y Patricia Ruz o El amor no dura para siempre (Romeos y Julietas), que el reputado creador Andrés Lima se ha planteado como un montaje multidisciplinar que representa la ficción de Shakespeare en el escenario y, desde el vídeo, ofrece la visión del amor de sus propios intérpretes.

 

Contaminados

 

¿Podrían imaginarse Marc Chagall o Antonio Machado que sus pinturas y poemas se bailarían? Probablemente no. A principios del siglo XX las vanguardias parecían reconocer que las disciplinas artísticas empezaban a agotarse y encasillarse. Entonces miraron a los lados y se contaminaron entre ellas. De estos trasvases y fusiones mucho se benefició la danza, que ha tenido en las otras artes una fuente de inspiración y motivo de crecimiento. La compañía de la malagueña Ana Rando se ha interesado por la vida y obra del pintor Marc Chagall, en su creación reciente Azul Prusia Azul Berlín, en la que revisa la vida del pintor hasta la muerte de su esposa y entabla diálogo entre la danza y su pintura. Paralelamente, en Mallorca, la Compañía Baal, que dirigen Catalina Carrasco y Gaspar Morey, conseguía trasladar a la danza el mundo colorido de Joan Miró, en su creación para público familiar MiraMiró.

Otras veces es un cuadro específico el que abandona su naturaleza bidimensional y se convierte en danza. En 37Guernica17 la compañía de Fernando Hurtado, con sede en Nerja, no solamente se trae a la danza el horror y desgarramiento del cuadro más célebre de Picasso sino también los principios conceptuales del cubismo. En cambio, para David Segura, director de su propia compañía en Andalucía, la pintura misma es el referente de su propuesta Inductive, que ha contado con la participación del pintor y músico Alberto Tarsicio.

Aunque la literatura históricamente ha encontrado eco y continuidad principalmente en el teatro y el cine, la danza, un arte sin palabras, ha sabido cómo aproximarse a los libros desde el movimiento. Caminos para hacerlo ha encontrado muchos. El coreógrafo madrileño Chevi Muraday los conoce bien, pues su larga trayectoria ha avanzado desde una danza física hacia un puerto más teatral, en el que la literatura se hace gesto. Su solo El cínico, tiene inspiración en Diógenes, mientras que Teresa, ora el alma, fue un acercamiento a la poesía de Santa Teresa. También una poetisa, la mexicana Jeannette Clariond, ha sido la base para la danza delicada de Cristina Masson, directora de la Compañía Enclavedanza, quien basada en esos poemas ha creado Marzo10NY, con la que cierra su trilogía coreográfica conformada por …No vacía… y Sobre fondo roto.

Y otro poeta, ésta vez Antonio Machado, ha sido la inspiración definitiva para Estos días azules, la cuarta producción de la joven Compañía Improvisada, que dirige Henar Fuentetaja, quien ha encontrado en la vida y las palabras del representante más joven de la Generación del 98 la dramaturgia para su danza. También la poetisa Sara R. Gallardo, ha sido la columna vertebral de Pielescallar, coreografía reciente del Ballet Contemporáneo de Burgos, que dirige Alberto Estébanez, quien adicionalmente ha incursionado en lo multidisciplinar en su exitosa producción didáctica La danza y su pequeño público, concebida para niños.

Las artes audiovisuales han sido un recurso frecuente de la danza contemporánea, que ha sabido incorporar y aprovechar las nuevas tecnologías a su favor. La compañía de Bárbara Fritsche ha venido trabajando desde 2010 en una investigación acerca de la fusión de danza, performance y audiovisual, que ha dado como resultado obras muy sugerentes como Vasos llenos.

Parece relevante destacar también cómo en este proceso de fusiones, la danza ha sido incluso capaz de mirarse y revisarse a sí misma. Hacia esta dirección parecen orientarse las creaciones recientes de Kor’sia. Sus directores, los italianos Mattia Russo y Antonio de Rosa, empezaron a hacer estas indagaciones con una relectura de Jeux, una obra poco conocida de Nijinsky, que montaron para el Ballet Víctor Ullate, una investigación a la que dieron continuidad en Somiglianza, una revisión de La siesta del Fauno, otra pieza de Nijinsky, y anuncian para la próxima temporada su reinvención del ballet romántico Giselle, siempre bajo su óptica contemporánea.

 

Inclasificables

 

Como en todas partes, hay en España creadores inclasificables, que responden a cientos de referencias y al mismo tiempo a ninguna, artistas que han sabido construir un universo único que es propio, ya reconocible. Destacamos cuatro.

*Marcos Morau. Director de La Veronal (Barcelona). Sustentado en una premisa dramatúrgica que le permite imaginar lugares perfectamente conocidos desde una óptica personal y poética, Morau ha llevado de viaje a sus espectadores a su propia invención de lugares reales como Islandia, Siena, Voronia (la cueva más profunda de la Tierra) o más recientemente al espacio sideral en su delirante Pasionaria. También se ha interesado por asuntos puntuales, como el asesinato del cineasta y poeta italiano Pier Paolo Pasolini, en su performática Bologna Pasolini.

*Daniel Abreu. Director de su propia compañía en Madrid y recientemente nombrado director de la compañía Lava, de Tenerife. Artista singular, dueño de un universo propio lleno de sugerencias, la obra de este tinerfeño trae sello propio. Renuncia a la narrativa convencional y en su lugar crea un mundo escénico personal, de gran potencia visual e impacto emocional, como demuestran creaciones suyas como Animal o la más reciente La desnudez, un dueto de enorme belleza formal.

*Manuela Nogales. Cuando Andalucía parecía ajena a la danza contemporánea, allí estaba Manuela Nogales en plena construcción de su propio universo creativo. Más de veinte años de producción avalan el trabajo de Nogales, artista inclasificable, que cree en la investigación y en la que cada obra parece un peldaño arriba en la misma búsqueda. Su creación reciente Silencio & ruido supone una indagación entre los vínculos de la voz cantada y la danza.

*Paula Quintana. Aunque es joven esta creadora canaria, largo es su recorrido, que lejos de ir en línea recta ha ido avanzando en zigzag. Ha buscado y explorado distintos terrenos y territorios. La danza contemporánea, por supuesto, pero también la actuación, el flamenco y todo lo escénico. De estas experiencias ha ido filtrando modos y maneras personales que le han conducido a un terreno muy personal, que queda consolidado en Las Alegrías, su obra más reciente, un solo sugerente y formalmente impecable, que parece la consolidación de una búsqueda.

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