la red de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza
Anuario 2018 by Contemporáneo Tendencias
Cía Zuk Performing Arts Foto: Albert Sii
Cía Compañía Sharon Fridman Foto Gerardo Sanz
Cía La Casquería Foto Raquel Madrid
Vibrante y diversificada se presenta la danza contemporánea española.

        A pesar de la creciente aparición de tendencias y corrientes cada vez más específicas, esa amplia generalidad que llamamos Danza Contemporánea sigue siendo un sólido pilar, quizá porque supone un recordatorio del clima de libertad y ruptura que crearon los coreógrafos norteamericanos a partir de la segunda mitad del siglo XX (Graham, principalmente), quienes aferrados al principio del cuerpo expresivo -aquel que es capaz de articular discursos a partir del movimiento-, pudieron abordar desde su danza casi todo lo que se les ocurrió.

        Los creadores de la danza contemporánea española actual no son tan distintos y como aquellos, tienen en la diversidad el hilo que les une. Por ejemplo, un tema tan impensable para la danza como el sacrificio, ha tenido esta reciente temporada dos aproximaciones estéticas totalmente distintas. Miserere, de Luz Arcas, para su agrupación La Phármaco, supone un peldaño arriba en esa investigación alrededor de los rituales que ha venido sustentando su trabajo. La coreógrafa ha conseguido reunir a cinco bailarinas de muy diversas generaciones alrededor de una pieza que funciona como un ritual arcaico, del que se desprenden reflexiones sobre el papel social del chivo expiatorio y el poder liberador que se atribuye al sacrificio.

        El sacrificio coincide como eje central de The Lamb, la nueva creación del joven colectivo madrileño Kor’sia, liderado por los creadores italianos Mattía Russo y Antonio de Rosa, quienes centran ahora su investigación en la terrible práctica de sacrificar a un inocente. Kor’sia ha ido definiendo su propio paisaje estético a partir de cuidadas puestas en escena, en obras que usualmente abordan espinosos asuntos sociales siempre desde un plano poético y metafórico. Su también reciente Human, Fight, Right, Light, sobre la violación de los derechos humanos, es buen ejemplo.

        Aunque de una manera menos explícita, lo ritual y lo social son asuntos que también aparecen en la obra ya consolidada del creador israelí Sharon Fridman. A partir de un riguroso uso de la técnica contact, el coreógrafo encuentra un camino para hablar de manera muy sutil pero nada imprecisa acerca de las relaciones humanas, en obras formalmente deslumbrantes. El dueto Hasta dónde?, todo un tour-de-force, ha sido heraldo de sus producciones recientes, que bien podrían formar un díptico por su interés en el comportamiento de las masas: Free Fall, espiral hipnótica de movimiento, y All Ways, de aire místico y velocidad extrema.

        La danza puede también ser directa, denunciar y asumir compromisos. Gonzalo Díaz, director de la compañía madrileña caraBdanza, se ha cuidado muy bien de que su mensaje llegue nítido a la platea en su obra reciente accIDent, en la que quiere llamar la atención sobre la violencia e intolerancia crecientes que vivimos globalmente, aludiendo al terrorismo, el machismo y otras lacras sociales. No recurre, sin embargo, a la representación de esa violencia. Con una puesta en escena visualmente potente y desde una danza enérgica pero no agresiva, canaliza estéticamente su mensaje en positivo.

        Pero hay muchas formas de abordar en danza los comportamientos sociales y algunas resultan del todo ingeniosas. De alguna manera, la obra del coreógrafo madrileño Elías Aguirre va en esta dirección. En apariencia, sus piezas hablan del mundo animal pero el fin último es establecer paralelismos entre bancos de peces y ejércitos de mosquitos con los modos en que nos organizamos en sociedad. En sus dos nuevas creaciones hermanadas, Shy Blue y Pez Esfinge, equipara la quietud marina con la timidez humana.

        La obra, aún corta pero ya delineada, de la joven creadora canaria Carmen Fumero también aborda estos temas. Tras su exitoso dueto Eran casi las dos… reaparece ahora con el trío Un poco de nadie, que ha sido invitado este verano de 2018 al prestigioso festival norteamericano Jacob’s Pillow. En su obra anterior exploraba la relación de pareja y en ésta nueva se ocupa del rechazo social, la necesidad de pertenencia y la aspiración a ser alguien.

        Las relaciones, otra vez, son también la base sobre la que otra joven compañía, La casquería, que se mueve entre Barcelona y Sevilla, centra sus preocupaciones. El último verano es el título de la tercera producción de este colectivo dirigido por Raquel López y Anna Paris. La acción se ubica en un momento y lugar concretos, verano en la España de 1978, cuando tres jóvenes se conocen.

        Hay también otras maneras de hablar de la sociedad desde la danza contemporánea, cuya libertad permite, a veces, traer a los protagonistas al escenario sin necesidad de que sean bailarines ni que tengan “cuerpos escénicamente viables”. La creadora catalana anclada en Mallorca Mariantónia Oliver resulta ejemplar con su montaje Las muchas (redimensionado en Las muchísimas) con el que lleva años de éxito indiscutible, gracias quizá a su entrañable elenco, señoras mayores de 65 años vecinas de la localidad donde la obra se presenta, que bailan felices con sus cuerpos cansados pero llenos de vida y experiencias. Oliver ha seguido indagando alrededor del asunto de los límites que nos imponemos por la edad, el físico o el género, en su más reciente propuesta Malmenats.

        El mundo de la mujer, desde una perspectiva casi mágica, y apta para todos los públicos, es el que explora Proyecto NaNa, de Sevilla, en su creación de calle TrenATreS, que se desarrolla en un banco de la calle en el que coinciden una rubia, una morena y una pelirroja. La compañía, dirigida por la sevillana Paula Carmona y la madrileña Teresa Martín, se hizo con el Premio Fetén 2018 con su propuesta NaNa, una canción de cuna diferente.

        Y es que en estos tiempos de reivindicación femenina destacan propuestas de creadoras que reflexionan sobre su problemática. Otra Danza, compañía que es motor en la Provincia de Alicante, ha estrenado Pélvico, un trabajo de su directora Asun Noales que, con cinco bailarinas, abre el debate sobre el papel de la mujer en nuestra sociedad. Desde su fundación en 2007, esta compañía de Elche ha creado numerosas coreografías, destacando sus recientes propuestas PI, un acercamiento microscópico al mundo de los insectos para público familiar y la performance Rito, inspirada en los rituales de ofrenda a los dioses de la antigüedad. Adicionalmente, lidera importantes proyectos en la región como Dansa Per a Tots, el Proyecto GoOD o el Festival Abril en Danza.

        Otras culturas

        Con casi 25 años de actividad, Hojarasca, la compañía que lleva Alicia Soto en Burgos, siempre ha tenido especial inclinación por la experiencia humana. En tiempos recientes ha estado inmersa en su trilogía Estudios, con guiños al breakdance, que se inició con Nocturno, prosiguió con Silencio y ahora cierra con Miradas, una nueva creación conformada a su vez por cuatro coreografías que han tenido inspiración en las experiencias vividas por la coreógrafa en Marruecos.

        En cambio, es Mozambique lo que vibra en prácticamente toda la obra del joven creador Horacio Macuacua, que opera entre Andalucía y su país, pero nunca se ha desprendido de las danzas tradicionales que bailaba de niño, aunque haya vivido luego experiencias importantes dentro de la nueva danza europea, especialmente con su maestro David Zambrano. Sus obras recientes, las enérgicas Smile if you can! y Convoy, son portadoras de una cierta emergencia urbana, sorben de sus raíces africanas y no dejan de contener alguna crítica social.

        Es el contemplativo Japón, por el contrario, la notable influencia que marca la trayectoria coreográfica de la creadora sevillana Lucía Vázquez Madrid, que ha establecido alianzas con notables artistas nipones para sus creaciones. Con Nobuyoshi Asai, que fue bailarín de la legendaria compañía de danza butoh Sankai Juku, había montado el dueto Flying Birds y ahora, con Satoshi Kudo, que ha sido bailarín y asistente de Sidi Larbi Cherkaoui, monta Mazari, un dueto que indaga en la idea de los cuerpos líquidos y tendrá su estreno esta temporada en el Teatro Central sevillano.

        Por un lado, la activista norcoreana por los derechos humanos que huyó espectacularmente de su país cruzando el desierto del Gobi y por otro, una danza inspirada en uno de los herri kirolak (deportes rurales vascos). Los eclécticos intereses por los aspectos socio-políticos y culturales de la coreógrafa Itsaso A. Cano son evidentes. Directora de Zuk Performing Arts, esta creadora navarra ha desarrollado una obra híbrida, de la que deja constancia su trabajo reciente, la coreografía Yeonmi Park sobre la activista asiática, y Sokatira, que a ritmo de txalaparta convierte en danza un deporte vasco que enfrenta a dos fuerzas brutas.

        En el legado cultural de Al-andalus se centra el trabajo de Nesma, bailarina y coreógrafa que ha creado el estilo de danza neoandalusí, que desde un lenguaje contemporáneo propio ha sabido fusionar elementos del folklore árabe y español. Su nuevo espectáculo Muwashahat está inspirado en esta forma poética musical surgida en el siglo IX en Córdoba, que Nesma y su compañía bailan apoyándose en piezas tradicionales del repertorio andalusí, sorprendentemente arregladas para una formación contemporánea de jazz.

        Arte inspirador

        El arte es una fuerza inspiradora para producir más arte. ¿Es posible bailar el Guernica de Picasso? Fernando Hurtado tiene una muy buena respuesta en su reciente coreografía 37Guernica17, la más reciente montada para su compañía que acumula más de quince años de actividad en Nerja. El desgarro de Guernica, obra emblemática del cubismo, es trasladado a una danza intensa y trágica pero esperanzadora, que adapta el horror del lienzo al lenguaje de esta agrupación, que también mantiene en activo sus producciones El Paraíso de los necios y Alguien vendrá a buscarnos. Veterano de la escena andaluza, Hurtado ha tenido a notables intérpretes que con el tiempo se han convertido en creadores. Tal es el caso de Inma Montalvo, que en 2015 fundó su propia compañía debutando con el solo La culpa es de la vaca. Tras experiencias en Latinoamérica, Montalvo avanza con su proyecto, estrenando ahora el unipersonal Naturaleza muerta. También ex bailarina de Hurtado, la malagueña Marina Miguélez ha puesto en marcha su propia compañía, con la que ha estrenado No se baila en la cocina, una propuesta que reflexiona sobre lo cotidiano con música de Elvis, Armstrong y Nat King Cole.

        Si Hurtado lo intenta con el cubismo, la compañía de Yoshua Cienfuegos, ahora trabajando a caballo entre Valencia y Madrid, lo ha hecho con el surrealismo en su visualmente sugerente 88 azucenas y un perro, que tiene como punto de partida El público, una de las obras teatrales más imaginativas de las escritas por García Lorca, reconvertida ahora en una danza urgente e incesante, que alude al libro de Lorca pero también al universo surrealista en general. A Cienfuegos le ha seducido siempre la idea de mirar el arte desde su danza. Ha redimensionado a Leonardo en su propuesta 1,68 Da Vinci… y también tiene su propia versión de la mítica coreografía El espectro de la rosa. Ahora prepara Familia Real, un tríptico en el que ofrece su propia lectura acerca de la monarquía.

        El surrealismo también ha sido inspiración para la creadora brasilera anclada en Sevilla Mari Paula, en su proyecto de performance y vídeo Je Joue Ma Vie, que utiliza el principio de ausencia de lógica surrealista de Artaud para esta puesta en escena de “danza automática” que da continuidad a sus investigaciones.

        La literatura desde siempre ha sido una inagotable fuente de ideas para la danza. Un libro denso y a su modo terrible como La peste, de Camus, ha encontrado muy recientemente su réplica desde la danza, en Black Apple y los párpados sellados, un trabajo en el que la compañía madrileña Losdedae, que dirige Chevi Muraday, prosigue en esa búsqueda literaria que ya dio títulos emocionados como Teresa, ora el alma, inspirada en la poesía de Santa Teresa o El cínico, un solo filosófico inspirado en Diógenes.

        Por su parte, la poeta mexicana Jeannette Clariond ha sido la inspiración definitiva que ha permitido a Cristina Masson, directora de la compañía EnClaveDanza, cerrar con Marzo10NY su trilogía coreográfica completada con …No vacía… y Sobre fondo roto. Paralelamente, Masson ha venido realizando en alianza con Daniela Merlo, coreógrafa de Larumbe Danza, propuestas como Tres mujeres y más recientemente En danza a Nueva York.

        Hay grandes creaciones literarias que casi se hacen más célebres y conocidas desde la danza. Romeo y Julieta, de Shakespeare, es una de ellas. Numerosas son las versiones para ballet (John Cranko), contemporáneo (Sasha Waltz) y hasta musicales (West Side Story) que se han hecho pero, aún hoy, los creadores siguen sorprendiendo con nuevas lecturas. Porque sorprendente sin duda es la versión con participación ciudadana (voluntarios de entre 7 y 70 años) y baile de máscaras a ritmo de Celia Cruz que ha montado el colectivo navarro Fueradeleje, bajo dirección del coreógrafo Iñaki Fortún. La compañía, que en paralelo lleva una línea de danza para público familiar, también ha trasladado a la danza otro clásico literario, ésta vez el cuento de Caperucita Roja, en su propuesta ¿Quién teme al lobo feroz?

        Introspectivos

        Siempre ha existido un cubículo privado en la danza contemporánea que ha permitido a los coreógrafos moverse en un área más personal, intransferible e introspectiva. La coreógrafa vasca Manuela Nogales es buen ejemplo. Silencio & Ruido, la obra con la que ha celebrado las dos décadas de trabajo de su compañía sevillana, es un paso al frente en su investigación, que la ha llevado ahora a explorar la relación entre la voz cantada y el movimiento, con cuatro bailarines históricos de su agrupación y un ensamble de cinco voces.

        También dueño de un universo personal se presenta Daniel Abreu, creador tinerfeño trabajando en Madrid, que ha ido construyendo un coherente catálogo de creaciones consecuentes con su personal y sugerente lenguaje de danza. Siempre desde una esmerada puesta en escena, sus creaciones conectan con la sensibilidad de nuestro tiempo. Su deslumbrante coreografía La desnudez, en la que baila junto a Dácil González, colaboradora habitual, se hizo con tres Premios Max de las Artes Escénicas este año. Adicionalmente, ha estrenado el dueto de calle Más o menos inquietos, bailado junto a Carmen Fumero.

         En Cataluña, el creador de origen británico Thomas Noone también ha desarrollado con su compañía, residente en el espacio Sat!, de Barcelona, una trayectoria personal en constante evolución. Posee Noone una obra extensa en la que ha ido delineando su estilo ágil, virtuoso y humorístico, que va siempre a la búsqueda de nuevos caminos expresivos. Después de Medea, su primera incursión narrativa, y su vuelta a los escenarios en solitario con el unipersonal As if I, llegará esta temporada al Mercat de les Flors de Barcelona para estrenar Closer, que abre una nueva investigación interesada por las técnicas del circo, su gestualidad y fisicalidad, para así ampliar su mirada de danza.

        Por su parte, la Compañía de Bárbara Fritsche, en Madrid, un proyecto funcionando desde 2010 con la idea de integración del contemporáneo, la performance y el audiovisual, ha conformado un lenguaje propio orgánico, preciso y sensorial que se manifiesta en sus creaciones, destacando la reciente Vasos llenos. También ecléctica se presenta pieldEarenA, la compañía que sirve de base a Paloma Hurtado, que se mueve en varios frentes de Madrid, Canarias y Barcelona, ciudad ésta donde integra el proyecto Labranza. Drei, un programa de obras cortas, el trío Träd y su nuevo solo Ephimera, de calle, entre sus creaciones”.

        Con el aval de su experiencia en la Batsheva Dance Company de Israel, Mario Bermúdez junto a la creadora Catherine Coury, han fundado en 2016 la compañía Marcat, con sede en Jaén. Tras creaciones como Wooden Bones, que se presentará en verano de 2018 en la alemana feria Tanzamesse, y Odila, que montó para la Compañía Nacional de Danza, tendrá su estreno absoluto en el festival norteamericano Jacob’s Pillow, también este verano, su nueva creación Inside Kid, una exploración poética del niño que todos llevamos dentro.

        Finalmente, destacar la labor de la coreógrafa, docente y bailarina Mercedes Pedroche que se mueve entre Madrid y Medellín, ciudad colombiana a la que se vinculó después de crear la coreografía de apertura de los IX Juegos Sudamericanos, en 2010. Entre sus piezas Sin vendas en la memoria, en homenaje a las víctimas del terrorismo en País Vasco, Grita, Hembra o su más reciente investigación De artificios y leopardos.

        Andaluces

        Ya no tan joven y cada vez más firme y definido, el movimiento de la nueva danza contemporánea andaluza ha ido aportando artistas singulares, dueños de una voz propia y un sentido autoral. Teresa Navarrete se había marchado a Barcelona y regresó para asentar en Sevilla su compañía, con la que ha estrenado obras muy personales y con sentido poético, como Salón Otto o la más reciente, Domando a Pinball. También íntimo y personal se presenta el trabajo de Laura Lizcano, desde su compañía Bikini Ducc, funcionando desde 2002 y con la que ha presentado propuestas multidisciplinares e híbridas como Odelia o Asemblage.

        Tras una experiencia larga como actor y bailarín, Arturo Parrilla ha ido dando pasos autorales a través de su propia compañía Incubo, con la que ha estrenado títulos como El soberao o En Vano. Actualmente dirige, una vez más, para la compañía Danza mobile, donde es invitado habitual. También cercano a Danza Mobile aparece el veterano creador andaluz Manuel Cañadas, que ha desarrollado un trabajo muy personal desde su propia compañía Perros en Danza.

        En Málaga viene despuntando el trabajo de la creadora Ximena Carnevale que, con su propia compañía, mantiene activos títulos como Cumpleaños feliz, toda una disección social del fenómeno de la fiesta, y ha estrenado también la performance Mise en Abyme, que tuvo como marco escenográfico la impactante exposición Cine Dadá y Surrealista, exhibida recientemente en el Centro Pompidou.

        Canarios

        Un movimiento de danza contemporánea, que a su manera siempre ha existido, comienza ahora a estructurarse en las Islas Canarias. Es noticia Lava, la nueva compañía residente del Auditorio de Tenerife, que debutará en otoño de 2018 bajo la dirección artística de Daniel Abreu pero que en realidad viene a sumarse a iniciativas ya existentes como el Proyecto Tenerife Danza Lab, en el mismo Auditorio, que dirige José Luis Rivero, y otras plenamente consolidadas, como el Teatro Victoria, un espacio dance friendly en Santa Cruz, que conduce Roberto Torres, director de la Compañía Nómada, y motor de programación y festivales; el consolidado Certamen Masdanza, que cada año trae a Maspalomas una relevante muestra nacional e internacional, siempre bajo la dirección de la coreógrafa y bailarina Natalia Medina y el Centro Coreográfico de La Gomera que tiene su propia compañía, a cargo de Martín Padrón y Gregory Auger.

        Los artistas por su parte se han organizado alrededor de Piedebase, una plataforma que pretende ser representación de la danza que se hace en las islas. También se da el fenómeno de las asociaciones y colaboraciones. Dulces bestias, de Roberto Torres para Nómada, tiene como bailarines a Daniel Morales, Paula Quintana y Paloma Hurtado, todos creadores locales con sus propios proyectos. Carmen Macías, que ha venido montando sus piezas desde 2013, ha hecho alianza con Alfredo Díez y Laura Marrero, creando este mismo año la compañía La Reversa, que ya ha estrenado su pieza Irreverente. Compañías como la de Daniel Morales, la de Esther Martínez o Soluciones dramáticas, que conduce Javier Cuevas Caravaca, son algunas de las otras iniciativas que mantienen viva y activa a la nueva danza canaria.

 

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