la red de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza
Anuario 2020 by Inspiración Artistas
Arte inspirado por el arte. Aquí van coreografías que tienen su origen en otra creación artística.

Inspiración

El arte inspira arte. La danza mira a los lados, a sus vecinos de teatro, música o pintura, y también atrás, hacia su historia y orígenes, para inspirarse y reconvertir en piezas nuevas clásicos consolidados. Es tendencia auténtica y para demostrarlo, aquí van cinco colectivos españoles que lo han practicado [con acierto] en sus nuevas creaciones.

 

UNO. LA VERONAL Y EL SURREALISMO.

Cuando en 2016 el Ballet de Lorraine encargó una pieza al prestigioso creador valenciano Marcos Morau, director de la compañía barcelonesa La Veronal, a él se le vino a la cabeza la figura de Luis Buñuel, el contraste entre Calanda, ciudad natal del creador, con sus ruidosos tambores de Semana Santa, y el París bohemio y vanguardista donde vivió y floreció su cine. Ese fue el germen de Le Surréalisme au service de la Revolution, que fue todo un éxito. De pieza corta ha terminado a su vez, siendo el punto de partida de Sonoma, la nueva creación de La Veronal, que vio su estreno en verano de 2020 en el Festival Grec. En su nueva obra, Morau, ahora en tono surreal, sigue fiel a esa estética y ese modo escénico, visualmente sugerente, que siempre ha caracterizado su trabajo creativo.

 

DOS. TAIAT, SCHLEMMER Y MAN RAY.

Meritxell Barberá e Inma García, directoras de la veterana agrupación valenciana Taiat Dansa, han tenido siempre debilidad por las vanguardias del siglo XX. De hecho, sus obras recientes han encontrado inspiración directamente en dos de sus grandes revolucionarios. Por un lado, Oskar Schlemmer, el legendario investigador de la Bauhaus y su más célebre creación escénica, el Ballet Triádico, que son el punto de partida de Tres, una obra en la que Taiat ofrece una relectura que propone una visión contemporánea de esta revolucionaria creación, para la que han colaborado los prestigiosos coreógrafos internacionales Ismael Ivo y Rachid Ouramdane. Y por otro, Man Ray, obra visualmente sugerente en la que Taiat se centra en la relación, algunas veces reprobable, que estableció el famoso fotógrafo con sus numerosas musas.

 

TRES. KOR’SIA Y GISELLE.

Mattia Russo & Antonio de Rosa, directores de la compañía madrileña Kor’sia estrenaban en 2018 su versión desenfadada de La siesta del fauno, de Nijinsky. Más tarde, en Jeux/Nijinsky para el Ullate Ballet, volvían sobre el creador ruso, ésta vez para explorar la configuración de una nueva moralidad a principios del siglo XX. Por eso no es de extrañar que ahora se decidan por una revisión de Giselle, el ballet emblema del Romanticismo, dando continuidad a su investigación sobre el academicismo más allá de su propio tiempo y haciéndose preguntas pertinentes a nuestro momento histórico relativas al cuestionamiento de la existencia del amor puro y verdadero, cuando la ciencia misma lo reconoce en el llamado síndrome del corazón roto.

 

CUATRO. YOSHUA CIENFUEGOS Y MOZART.

Sucumbió el coreógrafo valenciano Yoshua Cienfuegos a la belleza y solemnidad del Requiem, de Mozart, reconvirtiéndolo en coreografía, siempre desde su particular óptica y con motivo de la celebración de los 20 años de su agrupación Cienfuegos Danza. Nueve bailarines, un cuarteto de cuerdas y una actriz unen sus talentos para poner en pie esta creación, que coloca la muerte en primer plano y no deja de hacer referencias directas a la problemática que supone la memoria histórica en España, aquí representada desde referencias al flamenco, que se insertan en un Mozart contaminado y ajustado a los intereses de esta coreografía, una de las más ambiciosas realizadas hasta el momento por el colectivo valenciano.

 

CINCO. INÉS BOZA Y MIGUEL DELIBES.

El Ballet Contemporáneo Burgos, que dirige Alberto Estébanez, se une a los fastos de los cien años del nacimiento de Miguel Delibes, con su nueva producción MD soy como un árbol, una propuesta concebida y puesta en escena por la coreógrafa catalana Inés Boza, la misma que en los años noventa estuviera al frente de su propia compañía SenZa TemPo. Para su nueva creación con el ballet burgalés, la coreógrafa parte de la obra de ficción de Delibes fusionando danza y teatro, ubicando la acción en la Valladolid natal del escritor pero reinventándola como si fuese una especie de Macondo. El montaje se ha hecho respetando las máximas del literato que decía que se escribe como es y diseñaba sus personajes como veía a las personas, como seres únicos e irrepetibles.